Por Corinna Rica. 1º Batx CF
SELECCIONADA
Mírame y dime
qué es lo que ves…¿Cómo estoy?...Estas dos frases anteriores suenan en
nuestra vida y más en nuestra sociedad. En ésta un buen puñado de publicidad
engañosa, una gran cucharada de lenguaje subliminal, más otros ingredientes
varios que afectan a nuestra mente… crean una receta llena de
estereotipos, a la que uno a veces le resulta imposible resistirse, y una
preocupación excesiva. Por eso deberíamos usar un poco la razón y pensar
¿realmente necesitamos oír cómo nos perciben los otros para saber cómo estamos
físicamente?¿Por qué tenemos la sensación de vivir en un cuerpo que no nos
pertenece?¿Por qué hay tantas personas que sienten tantas veces que no les gusta su cuerpo?
Las personas
somos el resultado de la unión entre nuestro cuerpo (que es la parte física y
que ocupa el espacio) y nuestra mente (antes le llamaban alma, pero que es
nuestra parte espiritual, nuestra vida psicológica, nuestros
pensamientos).Ambas partes forman en conjunto la esencia humana particular de
cada persona, aquello que la caracteriza y la diferencia de todas las demás. En
filosofía esta posición se denomina dualismo antropológico, para diferenciarse
de otras posiciones (monistas) que defienden que sólo podemos entendernos de
verdad viéndonos como materia físico-química en movimiento (materialismo) o
puros espíritus indeterminados (espiritualismos). Aunque hay diferentes tipos
de dualismos compatibles también con la ciencia, no voy a tratar en esta
disertación de este debate, sino de algunos aspectos más próximos a la
experiencia vital de las personas.
Como señalaba antes, hay
momentos en los que esa unión parece romperse y nuestro cuerpo no se
corresponde con nuestro pensamiento. Nos miramos en el espejo y lo que vemos no
refleja lo que nos gustaría. Y no nos gusta porque vemos lo que otros ven
cuando nos miran, y les desagrada, y porque no recibimos piropos o no
conseguimos llegar al peso de la modelo de la tele (que todos aplauden y
valoren, aunque se sepa que su peso es perjudicial para su salud). Esto
muestra que nuestro aspecto físico al final es resultado de las ideas que
nuestra mente cree o posee, que buscamos moldear el cuerpo de acuerdo a
nuestras creencias mentales. Por ello creo que habría que hacer un buen
uso de la razón, saber aceptar fundamentalmente nuestro cuerpo y saber cuándo
parar de hacer o desear cambios antes que eso se vuelva en una obsesión
enfermiza.
Esto no es tarea fácil teniendo en cuenta que
ya de por sí nuestro mundo relaciona el éxito muchas veces con personas de unas
determinadas tallas o peinados como si de barbies se trataran. Además en
todo parece ignorarse o no valorarse la importancia que tiene la libertad de la
persona, ya que todas estas reglas estéticas nos acaban condicionando y anulando
nuestra capacidad para decidir quiénes queremos ser. Por tanto, si consigues
controlarte ¡enhorabuena!, ya puedes sentirte orgulloso/a por conseguir escapar
del despotismo de la belleza…
¿Pero quién no ha
sentido alguna vez las ganas de ser como Angelina Jolie y encontrar a tu Brad
Pitt formando una pareja de portada? Todos alguna vez, porque el ser humano
ansía la perfección (o los ideales que decía Platón), pero en este caso la
perfección que considera la sociedad. Pero el problema real resulta cuando este
deseo pasajero se convierte en nuestra manía diaria y esto no es algo lejano,
basta ver como algunas enfermedades como la anorexia o la bulimia relacionadas
con una distorsión del aspecto físico, están muy extendidas, y de nuevo una
enfermedad mental acaba provocando también una enfermedad física.
En el siglo XXI
estos clichés de belleza continúan extendiéndose, las operaciones bikini se han
ido de las manos y cada vez son más comunes enfermedades como la vigorexia, que
consiste en una desmesurada preocupación por estar fuerte y extremadamente
musculoso que llevan al enfermo a pasar horas y horas en un gimnasio o a tomar
sustancias que alteran el desarrollo normal del cuerpo. Y otra obcecación a la
orden del día es el uso abusivo de las operaciones de cirugía estética. No
saber aceptar el paso de los años acaba creando unos rostros y cuerpos
realmente antiestéticos y los demás vemos como expresiones de la cara quedan
reducidas a estiramientos antinaturales pero que el paciente ha decidido hacerse
porque el resto también… llegando a ver lo antinatural como algo bello.
Puede pensarse que usar
así la palabra natural esconde un prejuicio o una norma escondida, y
podría decirse que en cierto sentido no existe nada natural, o que en el ser
humano todo al final es artificial, así que por qué no considerar bella una
persona totalmente operada. Y esto sería otro debate filosófico. Pienso que
basta entender lo natural como algún tipo de orden beneficioso que nos permite
desarrollarnos armónicamente, y lo antinatural cuando hacemos o padecemos cosas
que nos impiden armonía en la vida. ¿Y sería armonioso sacrificar tantas cosas
en la vida por conseguir un cuerpo perfecto?
Pensemos en
otros casos en los que ocurre lo contrario, nuestro cuerpo se transforma y la
mente pasa por un proceso de adaptación para aceptar estos cambios, como ocurre
con los accidentes. En muchos de esos se sufren rechazos o burlas por parte de
la sociedad al no ser “normal” el hecho de tener quemaduras en la cara o
la falta de alguna extremidad, por lo que esa persona pasa a ser objeto de
miradas molestas. Quizás ni las operaciones logren presentarnos un aspecto
“normal”. Y entonces es la mente la que tendrá que aceptar
ese curso de las cosas y esforzarse por otra vez lograr más armonía.
Sean accidentes
o circunstancias más naturales, siempre nos toparemos a lo largo de la vida con
sucesos que nos la compliquen y acaben afectando a nuestro cuerpo
primero y luego al alma y viceversa. Hay siempre conexión entre ambos. Hay
que verse siempre como cuerpo y como mente, y no agredir una parte hasta romper
cierto equilibro. Nuestro aspecto físico sufrirá las consecuencias de nuestro
estado de ánimo, y al contrario. Por ese sentido de cierto orden natural,
creo que la mejor manera de conseguir el equilibrio físico-mental en el tema
que he tratado, el exagerado caso que hacemos a los modelos de belleza, es la
prudencia, saber dónde está el límite, es decir, hasta qué punto lo que quiero
hacer con mi cuerpo pasa de ser bueno para la salud a ser perjudicial y
corregir nuestro error.
De la misma manera que
al secarse un árbol no puedes plantar otro si no se arranca de raíz, no servirá
de nada corregir el físico si la mentalidad no lo hace( ya que son uno) y
el problema se acabaría repitiendo. Por otra parte debemos también
aceptar nuestro cuerpo y aprender a quererse a uno mismo, ya que los defectos
no condenan a la persona, sino que pueden servir para superarse porque al fin y
al cabo nuestras decisiones dependen de nosotros, podemos ser nuestro mejor
aliado o nuestro peor enemigo. Todo ello me recuerda a una frase, no de
un filósofo, aunque ceo que la idea puede apoyarse en alguna más respetable teoría dualista no
radical. Una frase que oí al Dr. Jeff
Miller, en la serie Mentes Criminales (capítulo Complejo de Dios): "Cuerpo y alma no se pueden separar a efectos de tratamiento, pues son
uno e indivisible. Además de los cuerpos enfermos han de sanarse las mentes
enfermas."
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