viernes, 20 de febrero de 2015

¿Depende de nosotros nuestra propia libertad?

Por Ana Mora Sanchis. 1º Baxt CF


Parece haber una gran obstáculo llamado
‘padres’ que siempre están ahí para decirte
 lo que tienes que hacer y los que no debes de hacer.
Como ya sabemos, una de las grandes aspiraciones del ser humano es ser libre, no estar encadenado a nada o a nadie que decida por ti mismo. ¿Todos poseemos libertad? ¿Depende de nosotros nuestra propia libertad? ¿Estamos destinados a tener libertad o a carecer de ella? Estas preguntas hay hacérselas teniendo en cuenta que vivimos en una sociedad y eso influye en nuestra manera de actuar y de pensar. La sociedad nos condiciona, aunque a veces se crea que vivir en una sociedad trata solo de tener relaciones con gente de nuestro alrededor. Por otra parte también hay que tener en cuenta hacia dónde queremos enfocar nuestra vida, podrá ser por ello más fácil de llevar o más dura. Y también teniendo en cuenta los gustos y preferencias de la gente.
Primeramente analizaremos la idea de que la libertad es algo que se tiene nada más nacer. Pero nadie posee libertad cuando nace, sino que, al contrario, la libertad se gana a lo largo de la vida, de tus propias experiencias e ideología. Cuando eres un bebé no tienes uso de la razón, por lo tanto solo llorábamos y nos alimentábamos. La responsabilidad de decidir está en manos de tus padres, los cuales deciden por ti lo que hacer en cada momento contigo, no porque seamos una carga, sino por una responsabilidad que ellos han decidido tener anteriormente.

Cuando vas creciendo vas aprendiendo bastantes cosas, sigues los pasos de tu madre y de tu padre porque por ejemplo, te enseñan a caminar, a hablar, a leer, etc… Entonces surge la cuestión,¿somos libres en estas circunstancias? No somos libres porque no estamos decidiendo por nosotros mismos si queremos aprender a caminar, a leer, etc…es decir, no estamos haciendo lo que queremos en cada momento. Pero todos debemos pasar por esta etapa de aprendizaje, porque si no ¿cómo íbamos a vivir en un futuro sin saber escribir o sin saber comunicarnos? Está claro que todos tenemos en nuestra niñez una época fundamental llamada aprendizaje.
Luego cuando vamos cumpliendo años y vamos sufriendo experiencias (algunas del tipo: no volver a tocar la plancha de ropa cuando está caliente porque sino te quemas y eso sabemos que duele) y vamos desarrollando un nivel de inteligencia básico unido a la enseñanza de la escuela.
Entonces un momento en nuestras vidas (más que momento, una etapa) llamada adolescencia, un momento en el que a todos nos apetece hacer lo que nos da la gana y olvidar nuestras responsabilidades como ser humano. Pero parece haber una gran obstáculo llamado ‘padres’ que siempre están ahí para decirte lo que tienes que hacer y los que no debes de hacer. A partir de esa época nuestra libertad empieza a dividirse en esos dos tipos que han sido definidos en filosofía: la libertad externa y la libertad interna.
A partir de la época de la adolescencia van a surgir todo tipo de ocasiones en la vida, algunas donde vas a poder hacer lo que quieras y cuándo quieras,  y otras donde vas a estar sometido a hacer lo que te digan. Siempre tendremos libertad externa cuando nada ni nadie nos impida (con prohibiciones y obstáculos) tomar nuestras propias decisiones, pero teniendo en cuenta que todo acto conlleva una responsabilidad y a la vez una consecuencia. Eso quiere decir que debes ser consciente de cada decisión que tomas y en lo que puede repercutir, sabiendo que el ambiente en el que vivas o en el que te encuentras puede influir sobre tus decisiones.
La libertad interna es un algo diferente, porque las decisiones son tuyas y de nadie más, es decir, cada persona tiene diferente opinión y cada una de ellas es respetable. Al menos en principio, porque existe una corriente llamada determinismo la cual tiene como idea fundamental el que las personas no tenemos libertad interna, sino que todas las decisiones y todos los pensamientos que tengamos van a estar determinados por la sociedad, por la educación o por tu propio código genético…  entonces cada decisión que tomes no será tuya propia.

Como conclusión quisiera afirmar una libertad que encuentro fundamental: nadie puede oprimirnos a no tener libertad de expresión. Esta libertad que está regulada (por tanto es una libertad externa) proviene de la libertad interna, sirve para favorecer la libertad interna. Resulta muy difícil desarrollar una vida interior libre si existen prohibiciones a la libertad de expresiones. ¿Quién podrá pensar por si mismo mucho tiempo, si siempre se siente amenazado por limitaciones a la libertad de expresión, por tener que callar sus opiniones y sus propias experiencias, que son el fundamento para las propias creencias?

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