miércoles, 4 de febrero de 2015

PSI. Mito, religión, ciencia y … ¿el hombre?

Por Adrián Calero Martínez. 1º. Batx. N

 Se comienza  a buscar refugio en tribus afines a nosotros o a buscar agradables cobijos en oscuras cavernas. Será cosa de uno de nuestros instintos más básicos, lo de agruparnos para no estar solos
En muchas ocasiones, y en muchas épocas a lo largo de la historia, las cuestiones sobre el ser humano  ( cuando nos preguntándo  ¿qué somos?) se han ido sucediendo unas tras otras sin que el tema haya sido solventado de una manera única, unilateralmente hablando.
En nuestra tradición, los griegos aportaron un planteamiento mitológico indómito: una diosa danzando en los mares que sentía en su piel sagrada el pesar de la soledad, relatos de pasión y lujuria (para que cobraran sentido los argumentos de la creación misma de los hombres), la ofidia figura siempre presente, como la contrapartida a la abnegada divinidad, y con el afán de que todo quede jerarquizado bajo su poder; la desaparición de los Dioses para dar paso a los humanos etc…

Luego fue la religión cristiana  la que se dedicó durante siglos a sacar miga a mitos helenos para hacer su propia versión de los hechos (preferentemente con sangre, muerte, fuego y destrucción de por medio) para que así , como la misma figura de la serpiente,  que en sus libros también es representada como “el mal”, se convierta en el centro de todo y todos, estableciéndose primera como orden, razón y finalidad para la existencia humana.
¿Qué sentido tiene nuestra existencia? ¿Existir por azar, por necesidad o por cualquier otro motivo? Cada uno que busque el suyo que la humanidad buscara el de todos… Quizás existamos por y para evolucionar hasta lo que hoy somos después de millones de años. Cada época se ha encargado de determinar  la existencia del hombre dándole un fin por el que existir, otorgándole una razón y animándolo a buscar el porqué de su existencia. Y puede que sea posible que al llegar al día de hoy esta inquietud se haya quedado varada en las orillas del inmenso océano de dudas que es hoy la civilización. Una carga pesada para nuestra vida tan ligera .
Pero son las ciencias (por suerte o por desgracia)  las que se ocupan de otra  “de las grandes”  cuestiones candentes (y que siempre lo será), la de la reflexión sobre  qué nos define como especie humana. Esta podría ser una pregunta derivada de todas las anteriores ya expuestas.  Pues lo que nos hace humanos es también lo que nos revela un poco de nuestro pasado  (y los que nos mantiene , en cierto modo en esa  condición “animal”): me estoy refiriendo a los instintos  y su control.
Si nos fijamos en este hecho, la mayoría de las cuestiones sobre las que debatimos cotidianamente tienen que ver con las formas que tenemos de entender o definir al ser humano : por ejemplo, un ser controlado por un destino ya establecido por los dioses (cuando hagas lo que hagas el hilo que te hace estar con los pies en la tierra es indesligable) ; o individuos controlados por instituciones que rebosan supremacía; o animales evolucionados que están capacitados para dominar, o al menos entender, lo que otros seres inferiores no llegaron a comprender.
No podemos obviar  ni tampoco  olvidar que podemos ponernos en otra posición, la perspectiva filosófica . Esta perspectiva aporta la característica de análisis racional y crítico sobre el problema “que nos define como especie humana”. No aporta datos rigurosos como la ciencia, ni una visión de la naturaleza humana y de su destino ya elaborado y establecido por los Dioses. Pero  en ella están presentes los distintos campos de visión  y desde esa mirada racional y crítica intenta analizar el problema del animal- hombre u  hombre-animal. El objetivo de esta perspectiva filosófica, no es determinar normas para todo el mundo  respecto al tema en concreto (ni en este ni en ningún otro ) sino dar ideas  que permitan a los seres humanos su pleno desarrollo como personas, tomando decisiones racionales, libres y respetuosas sobre su comportamiento y el entendimiento de sus instintos  racionales e irracionales, particularmente sobre este tema,  sobre la conducta humana.
La cuestión pues sería: ¿Nuestra identidad como personas va determinada por la naturaleza, por la sociedad y el medio que nos rodea, o es ajena a todo lo anterior?
Una respuesta podría ser que nuestra identidad está condicionada o influida por la sociedad. Siempre, incluso en épocas como la niñez o en la adolescencia, cuando no hemos adquirido todos los lazos sociales, nuestra conducta está determinada por miedo a la marginación o a la discriminación. El afloramiento y/o control de los instintos de supervivencia  (también influenciados al conocer el aislamiento o el abandono) en estas tempranas edades ya se hace palpable. Se comienza  a buscar refugio en tribus afines a nosotros o a buscar agradables cobijos en oscuras cavernas. Será cosa de uno de nuestros instintos más básicos, lo de agruparnos para no estar solos  ni caer en las garras de quinceañeros depredadores. La soledad en la sociedad solo trae más soledad, así como el miedo es llamado por el miedo. Quizás la sociedad nos corrompe, pero  también hace sacar lo “peor”(¿ lo más natural también?)  de uno mismo, nuestra parte más animal: los instintos.
“El hombre está condicionado por las leyes de la naturaleza”, como bien diría Spinoza, y no le falta razón. Si ya vemos que con tan apenas seis o siete semanas de vida  un bebé reconoce y sonríe a caras (o a cosas similares a ellas ), no por que le resulten reconocibles, agradables, horripilantes o divertidas, sino porque en sus genes  están inscritos  los parámetros conductuales que hacen que instintivamente todo le resulte familiar y respondan automáticamente de manera afectuosa. Su instinto le lleva ya a aproximarse a cualquier rostro cercano.
 Por lo tanto cabe la posibilidad que  nuestros instintos sean los que nos condicionan y nos corrompen, ya que no existe una gran diferencia entre el bebé que no distingue a mamá del dibujo de una cara, el adolescente que se busca a si mismo y a la vez a sus semejantes, y el marido que instintiva y accidentalmente golpea hasta matar a su mujer porque “ve en peligro su descendencia”. Quizás anexionados todos ellos por el instinto de “supervivencia”(cada uno a su manera). Visto de esta manera, somos dueños de nuestros instintos y controlarlos quizás es una carga hereditaria de la que no nos podemos librar, permanecen latentes.
Por tanto, estamos condicionados por nuestros instintos como por el entorno social que nos rodea, ambos tienen capacidad para actuar sobre nosotros e influirnos. Entonces  ¿el estado puede llegar a controlarnos  debido a que es capaz de influir en gran medida sobre la sociedad y directamente con las leyes sobre nosotros? Si, es posible,  como ya ha pasado alguna vez y posiblemente pasará algunas otras.  Pero dejarle hacer, permitirlo, ¿depende de niveles de comodidad, de jerarquías, de bienestar?
¿Entonces es que el hombre es corrompido por la sociedad y la naturaleza? Entiendo por tanto que el hombre es malo por naturaleza ("homo homini lupus est", citando a Hobbes). Entonces quizás podría ser que la sociedad no corrompiese,  sino que sacara del hombre su parte "benévola" para poder vivir en comunidad. A todos en gran parte nos importa el juicio que se emita sobre nosotros, aunque creo que  los humanos nos movemos de forma egoísta y el único impulso natural que tenemos es satisfacer nuestras necesidades.
 Lo más sorprendente de todo es que en algún momento de nuestra existencia, fuimos capaces de organizarnos en sociedad, ya que esto conllevaba mantener acuerdos,  juntar bienes, respetar y ser respetado… gracias precisamente al instinto de supervivencia.  Fue necesario apartar lo deficiente de nosotros , incluso para aquellos que eran “inferiores” a nosotros , para poder llevar a cabo una organización. Una muy buena organización.
 Concluyo que al fin y al cabo, los instintos hacen al hombre y a su vez este se deja hacer por ellos. Es un tema que siempre será bienvenido para reflexionar básicamente por lo completo que es el hombre (con todos sus más y sus menos), no sólo por lo que ya es, sino también por lo que puede llegar a ser. El ser humano es tema de todas las ciencias e instintivamente es el “ser dominante” sobre la tierra que configura, modifica, transforma y conserva la realidad que le ha sido otorgada.





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