Por Carmen Belmonte. 1er. Batx.G
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| ¿Aparentar una felicidad que no es real podría sin embargo al fin hacernos felices? ¿Puede hacernos olvidar que estamos tristes? Quizás durante un periodo de tiempo sí |
La felicidad es
algo que todos quieren, pero ¿qué es? ¿Es un sentimiento que sentimos cuando
hemos alcanzado una meta deseada? Pero y esas metas ¿cuáles son o cómo las alcanzamos?
Puede que no todos
seamos felices en cada momento de nuestra vida o en cada minuto del día, pero
esto puede ocurrir porque no sabemos bien cuáles son nuestras metas en la vida
o lo que realmente queremos. La gente quiere dinero, una gran casa, no tener
preocupaciones, para resumir lo que nosotros llamamos “vivir bien”. Pero ¿es
eso suficiente? ¿El dinero da la felicidad? ¿O tener cosas bonitas a veces sin
utilidad o innecesarias?
La gente vive en
una sociedad consumista que sólo quiere cosas materiales y cree así que han
cumplido su meta en la vida y consiguen ser felices. Esto es una gran
equivocación. Todo el mundo no tiene dinero de sobra o una gran casa con muchas
cosas bonitas, desde luego hay gente que no tiene casa y menos dinero. Pero ¿por
eso son menos felices? ¿O no lo son?
Pienso que sí cabe
la posibilidad de que todos podamos ser felices sin engañarnos a nosotros
mismos, que podamos dar felicidad sin tener que regalar dinero, y que podemos convertir
nuestras preocupaciones del día a día en una meta a conseguir, en trazarnos así
tareas que nos ayuden a encontrar la felicidad indirectamente. Así vemos que el
dinero y las cosas materiales no dan la felicidad, aunque quizás sí hacen que
seamos menos infelices día a día.
¿Entonces qué da la
felicidad? Esta es una pregunta difícil o fácil si la sabes contestar, pues cada
persona contestará una cosa. O puede que si hacemos una encuesta y preguntamos
a la gente de la calle, quizás todos coincidan en lo mismo, quién sabe. Quizás
somos todos muy parecidos, o quizás no tanto, y todos buscamos lo mismo en el
fondo. Pero como he dicho antes creo que la felicidad ha de estar relacionada
de alguna forma con las metas que buscamos, con tener un sentido en la vida,
unos objetivos, unas tareas que nos acompañen.
Centrémonos en la
amistad y en el amor, dos de los objetivos generales de casi todos. Tener
amistades y amor nos hace felices, compartir nuestra felicidad nos hace aún más
felices. Pero, ¿de verdad?¿somos siempre así realmente felices? ¿o lo
aparentamos? Podría ser que ocasiones una persona estuviera triste, pero a ojos
de los demás aparentara estar feliz. Entonces ¿aparentar una felicidad que no es
real podría sin embargo al fin hacernos felices? ¿Puede hacernos olvidar que
estamos tristes? Quizás durante un periodo de tiempo sí, el fingir nuestra
felicidad y así estar feliz con la gente de tu alrededor nos hace olvidar
nuestro problemas de infelicidad. Pero creo que si ese problema es importante
al fin y al cabo acabaremos recordándolo y volviendo a ser infelices, y si no
volvemos a serlo es porque este problema no era un problema o una preocupación
importante y ha sido superada por el simple hecho de responder “sí” a la
pregunta de “¿estás bien?” Como se ve los caminos de la felicidad son varios y
no están trazados de antemano.
Hemos hablado de la
felicidad refiriéndonos a los adultos ¿y los niños? La felicidad de los niños sí es algo muy real.
Aunque cuando nacen lo primero que hacen es llorar, todos sabemos que no es
porque estén tristes, y cuando son bebés lloran para que les des comida o para
que les cambies el paquete (sin olvidar que lloran como otro persona cuando
algo les duele o situaciones semejantes). Pero en el momento en que lo hacen y
ellos consiguen su meta dejan de llorar y son felices. Pensando de este modo
esto podemos decir que hasta los bebés tienen metas y hacen cosas para
conseguirlas, en este caso llorar, aunque no sean consciente de ello. Cumplir
con las metas nos da felicidad, la felicidad no se obtiene directamente, sino a
través de los objetivos y metas que buscamos.
Así pues vemos que
la felicidad se consigue con los actos que hacemos. Para entenderlo mejor ponemos
dos ejemplos:
1.
La gente engañada quiere dinero para ser
feliz y trabaja para conseguirlo, pero el trabajar le puede gustar o no, si le
gusta será feliz en su trabajo y se sentirá a gusto. Pero aun así querrá estar
con su familia y amigos, compartiendo su aparente felicidad. Y si no le gusta su
trabajo siempre estará pensando en su familia o amigos, imaginando que sería
más feliz con ellos o en otro trabajo. Esto nos demuestra que no son los actos,
los actos que hacemos a gusto, los que nos dan la felicidad.
2.
Hay gente que cree que su felicidad la
crean haciendo felices a los demás: por ejemplo un voluntario en una ONG que
ayuda a su organización construyendo una escuela en África para que los niños
pueden aprender cosas tan básicas como leer y escribir. El hecho de ayudar hace feliz al voluntario como
hace feliz a los niños que ahora pueden aprender 2 x 1. Este caso nos hace
pensar en lo dicho anteriormente y demostrar que aunque no todos los actos nos
hacen a todos igualmente felices, siempre hay algunos que sí.
Al fin y al
cabo fundamentalmente creo que nuestra felicidad es un sentimiento que está en
nuestra cabeza. Podemos controlarla si sabemos cómo, igual que podemos
aparentarla. Es un sentimiento por tanto complejo, pero si lo analizas también
es algo muy cotidiano y accesible. Y es sin duda un sentimiento que todos
queremos y todos conseguimos alguna vez en la vida, pues nuestra meta es ser
feliz.

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