lunes, 23 de febrero de 2015

¿Somos realmente felices?

Por Carmen Belmonte. 1er. Batx.G

¿Aparentar una felicidad que no es real podría sin embargo al fin
 hacernos felices? ¿Puede hacernos olvidar que estamos tristes?
Quizás durante un periodo de tiempo sí
La felicidad es algo que todos quieren, pero ¿qué es? ¿Es un sentimiento que sentimos cuando hemos alcanzado una meta deseada? Pero y esas metas ¿cuáles son o cómo las alcanzamos?
Puede que no todos seamos felices en cada momento de nuestra vida o en cada minuto del día, pero esto puede ocurrir porque no sabemos bien cuáles son nuestras metas en la vida o lo que realmente queremos. La gente quiere dinero, una gran casa, no tener preocupaciones, para resumir lo que nosotros llamamos “vivir bien”. Pero ¿es eso suficiente? ¿El dinero da la felicidad? ¿O tener cosas bonitas a veces sin utilidad o innecesarias?
La gente vive en una sociedad consumista que sólo quiere cosas materiales y cree así que han cumplido su meta en la vida y consiguen ser felices. Esto es una gran equivocación. Todo el mundo no tiene dinero de sobra o una gran casa con muchas cosas bonitas, desde luego hay gente que no tiene casa y menos dinero. Pero ¿por eso son menos felices? ¿O no lo son?
Pienso que sí cabe la posibilidad de que todos podamos ser felices sin engañarnos a nosotros mismos, que podamos dar felicidad sin tener que regalar dinero, y que podemos convertir nuestras preocupaciones del día a día en una meta a conseguir, en trazarnos así tareas que nos ayuden a encontrar la felicidad indirectamente. Así vemos que el dinero y las cosas materiales no dan la felicidad, aunque quizás sí hacen que seamos menos infelices día a día.
¿Entonces qué da la felicidad? Esta es una pregunta difícil o fácil si la sabes contestar, pues cada persona contestará una cosa. O puede que si hacemos una encuesta y preguntamos a la gente de la calle, quizás todos coincidan en lo mismo, quién sabe. Quizás somos todos muy parecidos, o quizás no tanto, y todos buscamos lo mismo en el fondo. Pero como he dicho antes creo que la felicidad ha de estar relacionada de alguna forma con las metas que buscamos, con tener un sentido en la vida, unos objetivos, unas tareas que nos acompañen.
Centrémonos en la amistad y en el amor, dos de los objetivos generales de casi todos. Tener amistades y amor nos hace felices, compartir nuestra felicidad nos hace aún más felices. Pero, ¿de verdad?¿somos siempre así realmente felices? ¿o lo aparentamos? Podría ser que ocasiones una persona estuviera triste, pero a ojos de los demás aparentara estar feliz.  Entonces ¿aparentar una felicidad que no es real podría sin embargo al fin hacernos felices? ¿Puede hacernos olvidar que estamos tristes? Quizás durante un periodo de tiempo sí, el fingir nuestra felicidad y así estar feliz con la gente de tu alrededor nos hace olvidar nuestro problemas de infelicidad. Pero creo que si ese problema es importante al fin y al cabo acabaremos recordándolo y volviendo a ser infelices, y si no volvemos a serlo es porque este problema no era un problema o una preocupación importante y ha sido superada por el simple hecho de responder “sí” a la pregunta de “¿estás bien?” Como se ve los caminos de la felicidad son varios y no están trazados de antemano.
Hemos hablado de la felicidad refiriéndonos a los adultos ¿y los niños?  La felicidad de los niños sí es algo muy real. Aunque cuando nacen lo primero que hacen es llorar, todos sabemos que no es porque estén tristes, y cuando son bebés lloran para que les des comida o para que les cambies el paquete (sin olvidar que lloran como otro persona cuando algo les duele o situaciones semejantes). Pero en el momento en que lo hacen y ellos consiguen su meta dejan de llorar y son felices. Pensando de este modo esto podemos decir que hasta los bebés tienen metas y hacen cosas para conseguirlas, en este caso llorar, aunque no sean consciente de ello. Cumplir con las metas nos da felicidad, la felicidad no se obtiene directamente, sino a través de los objetivos y metas que buscamos.
Así pues vemos que la felicidad se consigue con los actos que hacemos. Para entenderlo mejor ponemos dos ejemplos:
1.            La gente engañada quiere dinero para ser feliz y trabaja para conseguirlo, pero el trabajar le puede gustar o no, si le gusta será feliz en su trabajo y se sentirá a gusto. Pero aun así querrá estar con su familia y amigos, compartiendo su aparente felicidad. Y si no le gusta su trabajo siempre estará pensando en su familia o amigos, imaginando que sería más feliz con ellos o en otro trabajo. Esto nos demuestra que no son los actos, los actos que hacemos a gusto, los que nos dan la felicidad.
2.            Hay gente que cree que su felicidad la crean haciendo felices a los demás: por ejemplo un voluntario en una ONG que ayuda a su organización construyendo una escuela en África para que los niños pueden aprender cosas tan básicas como leer y escribir. El  hecho de ayudar hace feliz al voluntario como hace feliz a los niños que ahora pueden aprender 2 x 1. Este caso nos hace pensar en lo dicho anteriormente y demostrar que aunque no todos los actos nos hacen a todos igualmente felices, siempre hay algunos que sí.  


Al fin y al cabo fundamentalmente creo que nuestra felicidad es un sentimiento que está en nuestra cabeza. Podemos controlarla si sabemos cómo, igual que podemos aparentarla. Es un sentimiento por tanto complejo, pero si lo analizas también es algo muy cotidiano y accesible. Y es sin duda un sentimiento que todos queremos y todos conseguimos alguna vez en la vida, pues nuestra meta es ser feliz.

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